Gestión del conocimiento: Cultura de la eficiencia en tiempos de crisis
En el día a día, esperar de las organizaciones que introduzcan o modifiquen sus hábitos de funcionamiento o comportamiento es mucho pedir. Lo más genuino del empresario, del directivo o del político, es su preocupación por vencer las previsiones y poder seguir a flote a final de mes. Y a final de año, que las cuentas de resultados, las memorias de actividades o el estado de la cuestión, no acarreen peor gesto fruncido que el mirarse al espejo y verse con más canas y menos pelo.
Del ejemplo de las empresas, sus balances y cuentas reales, los no amañados por planes contables al uso o por el ardid de los auditores, informan con veracidad y rigurosidad de su situación organizacional. No hay peor azogue que comportarse como un avestruz, sin embargo, el mayor ignorante es el que no contempla las evidencias. Se trata de saber actuar, obtener ventajas y operar con inteligencia.
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